Antes que te vayas…

“Pensar a solas duele. No hay nadie a quien golpear. No hay nadie
a quien dejar piadosamente perdonado.”

 

Estudio con algo de tedio – Roque Dalton

 

Hace más de un año que no hablamos, hace incontables días que no contestas mis correos. Aunque no lo creas te pienso muy a menudo, demasiado dirías tú (siempre te he tuteado, jamás te dije un “vos”. Por respeto y admiración).

Aún recuerdo la noche en la que por primera vez me regalaste un libro, fue en la víspera de Año Nuevo, ese tan amado 31 de diciembre del año 2010. Todos estábamos listos para recibir un nuevo año, y con ese regalo, de alguna extraña forma; me hiciste renacer espiritualmente. El tejido de la maya hindú fue roto.

Y así empezó nuestra extraña amistad, entre libros y experiencias compartidas. Llegué a considerarte como uno de mis verdaderos maestros de vida, un título que no le doy a cualquiera. Es un título metafísico de gran valor para mí

Jamás había conocido a alguien que tan desinteresadamente —sin realmente conocerme—, compartía conocimientos, fuentes de sabiduría conmigo: una simple joven luchando por encontrarse a sí misma (y esa batalla aún no la he ganado). Pero confiaste plenamente en mí, forjaste mi inteligencia, puliste mis capacidades. Y lo hiciste sin saberlo, sin siquiera pensarlo.

Te soy sincera: soy una persona a la que la vida la ha golpeado muy duro en varias ocasiones. Y esto es algo sobre lo que no suelo hablar. Es por eso que he construido un muro, un caparazón que me protege la espalda de las puñaladas. Me cuesta confiar, entregar un pedazo de mí. Presiento que tú eres igual, que nos parecemos mucho en ese sentido, que tenemos una filosofía de vida que consiste en molestar y hacer sufrir a los demás lo menos posible. Sin embargo, me he dado cuenta que este actuar nos hace mucho daño; nos hace olvidarnos de nosotros mismos. No nos vemos como personas importantes, no le damos importancia a nuestros propios sentimientos porque los consideramos ridículos, nada relevantes. Pero lo son, créeme que lo son; y tragarme eso es la otra lucha que no he podido ganar. Te confieso que me da temor nunca ganarla.

Daría tanto por que las trivialidades me bastaran, por que el intelecto no me importara, por que me valieran mil madres una gran cantidad de cosas. Pero no puedo, lo he intentado. No puedo. No puedo callar mis pensamientos. Como quisiera encontrar ese interruptor para apagarlos, poder cavar una tumba para enterrarlos. Creo que ambos quisiéramos esta carga fuera de nuestros hombros.

Tal vez no me creas, pero siento que te conocí más de lo que te imaginas. Supe desde un primer instante que eras (y eres) una muy buena persona con un corazón de oro, sé que tu soledad es solo un refugio y que buscas (como todos) ser comprendido. Solo quiero que sepas que tienes a una amiga en mí, que quiero y puedo ser tu apoyo. Te he llegado a apreciar mucho, eso nunca cambiará. Quiero que sepas que te veo en los libros que me diste y que tus notas en ellos me ayudan a entenderte y a construir una conversación con el ahora lejano .

Espero que no me interpretes mal. En ti siempre vi a mi mentor, a mi sueño de filósofo y discípula griegos cumplido (¡por muy estúpido que suene!). Esta es una carta de agradecimiento, de profundo aprecio. Y quiero escribírtela antes que te vayas porque sé que de vez en cuando me leías (espero que aún lo hagas). Desde hace mucho que una espina en mi espíritu ha insistido en que lo haga.

Antes que te vayas te escribo. Tú sabes a qué me refiero. Ya lo sé todo, por muchas excusas que me escribías al principio sobre tu estado. Recuerdo que te deseaba la pronta mejora pero en el fondo sabía y sé la verdad. Quiero que sepas que nunca me he ido y nunca lo haré. Quiero que sepas que no te deseo nada más que la paz más pura y perfecta que sé que te mereces.

Si me preguntas, mi deseo sería verte, hablar contigo. Pero entiendo tu inquebrantable soledad, comprendo a la perfección tu filosofía porque se asemeja a la mía, ya te la expuse. Nadie me dirá nada sobre ti, lo sé. Me protegen de la verdad. Tú no dirás nada, lo sé. Y gracias, sé que lo haces para no lastimarme. Si algún día decides decírmelo, ahí estaré.

Querido amigo, no sé si te has resignado, no lo sé. Yo quisiera que no lo hicieras. Pero es tu decisión. Al final del día no duermes con nadie más que contigo mismo y no hablas con nadie más que con tu consciencia. Si quieres hablar conmigo algún día, alguna noche o alguna madrugada, ahí estaré.

Peor que saberlo todo de ti es saber nada, es estar en el limbo.

Antes que te vayas te escribo esto porque no sé si te volveré a ver; no sé si nos volveremos a escribir…

… Solo sé que yo, en mi horripilante e innecesario egoísmo, quiero que te quedes por mucho más tiempo.

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Un tal Kevin Parker (o la verdadera identidad de Tame Impala): Introducción

Soundtrack de este post: Yes I’m Changing – Tame Impala

No, Tame Impala no es una banda. Esa idea tardó un poco en procesarse en mi cabeza, ¿cómo diablos era posible que una sola persona fuese la mente maestra detrás de tanta complejidad artística en canciones como It’s Not Meant To Be o Mind Mischief?

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Sí, Tame Impala es una sola persona: es Kevin Parker…

… Me resultó difícil de creer, veía los conciertos online y percibía una química tan perfecta entre los 4 o 5 chicos que tocaban, una sincronía tan majestuosa que llamarlos banda parecía no solamente lo más adecuado sino la única verdad. Incluso ahora, Parker habla en plural al referirse a Tame Impala“Para nosotros —comenta Parker a la revista Pitchfork en una entrevista—, es un gran chiste estarnos presentando en estos grandes conciertos. Es completamente absurdo porque solamente somos nosotros; yo soy solo jodidamente Kevin. Solamente somos estos malditos idiotas en el escenario”.

Tame Impala es en realidad algo así como el nombre o el título de un proyecto musical (aunque ha trascendido por mucho esa categoría) cuyo génesis se debe a la genialidad de un australiano treintañero de apariencia despreocupada y relativamente desconocido, un tal Kevin Parker.

Fue un alivio saber que este error no había sido un terrible despiste mío sino que Parker se había esmerado por hacer parecer a Tame Impala como una banda. Al mismísimo Kevin Parker le costaría trabajo apropiarse de su proyecto, de llamarlo suyo sin temor; así le diría al periódico británico Independent:

“Siempre he hecho música por mi propia cuenta, pero no pensaba que hubiese una plataforma para eso, entonces; pensé que debía fingir que [Tame Impala] era una banda. Luego aclara: “No es una banda, para nada. Pero era demasiado tímido para decir ‘esto es mío, lo hice yo mismo’. Sentía que debía esconderme detrás de la banda. Me convencí a mí mismo a pensar en que estaba en un banda. (…) Pensé que si decía que solamente era yo no prestarían atención. Ha sido hasta hace poco que los he llamado mis álbumes”.

Entonces, a qué se debió el cambio: “Solamente en tener la confianza de defender lo que hagoprosigue— y darme cuenta que si no empiezo a tomar el crédito por mi propio trabajo ahora, entonces quizás nunca podré hacerlo”.

Y la palabra clave de esta serie de entradas es esa: cambio. Los dos primeros álbumes de Tame Impala, Innerspeaker (2010) y Lonerism (2012) siguen la línea del rock neopsicodélico pero al escuchar Currents (2015) —ya estando consciente de que Tame Impala es el seudónimo de Kevin Parker— la esencia psicodélica sigue ahí, no obstante hay más groove, como él lo llamaría, más dance y principios discos.

Desde el lanzamiento de Let It Happen, el primer sencillo de Currents, Tame Impala ha ganado más notoriedad y reconocimiento en la escena musical internacional (esto se evidencia en su constante trabajo junto a Mark Ronson —el productor detrás del gran hit Uptown Funk—, en el cover de New Person, Same Old Mistakes que Rihanna hizo e incluyó en su último álbum ANTI; y en que se esté codeando con una figura como Lady Gaga en la colaboración de un proyecto aún sin revelar). Esto me llamó mucho la atención pues aunque el estilo de Currents podríamos considerarlo como más comercial o más pop, no es aún una música tradicionalmente pegadiza que el escucha popero común llevaría en su Ipod pues sus arreglos musicales son variados y con tintes experimentales.

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Foto publicada en Instagrama junto a Lady Gaga – Poster de la canción Daffodils, colaboración musical con Mark Ronson.

¿Cómo llegó Tame Impala a lograr tanta (y relativa) popularidad? ¿Qué inspiró el cambio? ¿Y es este bueno o malo? ¿Perderá Tame Impala su valor musical si se vuelve “más pop”? ¿Estamos presenciando una fascinante evolución musical?

Esas y otras preguntas pretendo responder con esta entrega de posts cuyo título principal será “Las corrientes de Tame Impala”, un viaje astral por los cosmos de la buena música.

Diario Urbano: McDonald’s en la Madrugada

Siempre buscamos un lugar en donde terminar de morir. No nos preocupamos por que el lugar esté repleto de gente: en las madrugadas pocos somos los que andamos buscando cómo saciar el hambre o los antojos. Al menos esa es la excusa… Quizá solamente buscamos otro lugar al que escapar para poder hablar tranquilamente de nuestras decepciones, de nuestros éxitos y de nuestras muy breves pasiones juveniles.

Un día antes quedamos: fiesta en mi casa. Invitamos a nuestros amigos más cercanos y a aquellos que únicamente vemos en cuestiones que involucren diversión y bebidas; un simple encuentro social, esos amigos fiesteros.

La llegada es a las 7:30, todos empiezan a aparecer poco a poco. Entre abrazos, risas, bromas y maldiciones de buen y mal gusto nos vamos poniendo al día; nos vamos contando cómo caminamos y corremos en los laberintos que son nuestras vidas. Un semidesconocido hace una broma sobre cómo el futuro es tan incierto, de cómo fracasaremos y deberíamos renunciar a nuestros estudios y trabajos; todos ríen pero en el fondo tenemos ese miedo, sabemos que hay algo de verdad. Pero no estamos ahí para recordarlo, no. Queremos olvidar, beber y disfrutar de la juventud; reírnos y llorar por nada.

Ya son las 8:00, el hambre hace de las suyas. Nadie se decide qué comer: ¿Pizza, hamburguesas, tacos? Pizza, más sencillo y barato: debemos guardar el dinero restante para el agua bendita. Hablo por teléfono, pido una pizza gigante y esperamos; esta vez no solamente entre risas y bromas, sino también con la música a un volumen estrepitoso. Se alegra aún más el ambiente y todos estamos animadísimos.

Son las 8:30 y ya llegó el repartidor de pizza. Pagamos y listo: todos se lanzan salvajemente a la comida. Ahora el siguiente paso: ir al supermercado. Todos se quedan en la casa mientras cuatro personas minuciosamente selectas se dirigen al auto y se embarcan en la misión de comprar el alcohol. En cuestión de pocos minutos yacen en el lugar: vodka, ron, cerveza… ahhh, no puede faltar el tequila, sería inaceptable. Llevamos unos limones y otros ingredientes fundamentales.

Ya son las 9:15, el estómago está satisfecho y es hora de satisfacer al espíritu. Pido un cubalibre al bartender designado popularmente por los presentes. “Yo también quiero uno”, dice una amiga rubia. “En realidad, Cuba no es tan libre”, digo bromeando una vez me han entregado la bebida. “No te pongás a filosofar ahorita”, me dice riendo mi amiga rubia. Y nos carcajeamos por nada.

Seguimos bebiendo, todos estamos conscientes de nuestra existencia. Decidimos hacer unos cuántos juegos, ¡y diablos, nuestro equipo pierde! ¿Cuál es la penitencia? Tomar vodka puro… No es lo mío pero ahí voy.

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Ilustración por Sara Andreasson

Se hacen las 11:00, algunos empiezan a retirarse. Mientras tanto, mantenemos conversaciones más íntimas, de a dos. Charlo con mi amiga que lleva puestos unos brazaletes dorados sobre música, sobre trivialidades sin trascendencia y terminamos hablando de amores fallidos. “Estamos muy jóvenes —me dice— para preocuparnos por esas cosas”. Concuerdo con ella pero en el fondo ambas sabemos que es una frase de consuelo; pero repito: venimos a divertirnos y a olvidar.

Es medianoche, siguen las conversaciones íntimas, algunos siguen bebiendo. El bartender mantiene una conversación animada con la chica de zapatos rojos. No logro escuchar de qué hablan ni me interesa. Me río a morir con mi amiga de brazaletes dorados por todo y nada a la vez. No se ha terminado el encuentro cuando algunos empiezan a planear la próxima fiesta: ¿en una casa, en un club, un bar…? ¿A cuál, a qué horas, cuándo?

Planificamos, tanteamos las posibles fechas pero no quedamos en nada. La espontaneidad ha sido siempre nuestra más grande y fiel aliada, lo dejaremos así.

Ya es de madrugada. Hemos quedado 5 sobrevivientes, estamos en la hora de las confesiones (¿son las 2:00 a.m. o las 3:00 a.m., tal vez?). Mi amiga de brazaletes dorados le cuenta al chico del gorro por qué y cómo terminó con su novio —quien es un amigo de todos a la vez, ausente por obvias razones—, su versión de la historia. Escuchamos tranquilamente e intervenimos de vez en cuando. La verdad es que sí, estamos muy jóvenes para esas cosas pero aún así nos duele.

No sé la hora pero tengo hambre y unas ganas horribles de salir, respirar otro aire. “Vamos al McDonald’s un rato”, propongo. “Vamos”, dicen los 4 sobrevivientes. El bartender no para de hablar, de reírse. Es por el agua bendita, ella hace milagros. Vamos tranquilamente en el auto, de madrugada no hay casi nadie.

Llegamos al lugar, ordenamos. Vamos hacia la mesa. El bartender no para de hablar mientras que, con su mano derecha, mueve de un lado al otro su café; jura que llamará a su amor platónico y le confesará sus sentimientos. Nosotros reímos ante esa posibilidad pero le confiscamos el celular por si las dudas. ¡Y rayos! Derrama el café por toda la mesa. Nos carcajeamos ante la sorpresa, tratamos de limpiar pero decidimos cambiarnos de mesa. Da igual. No hay nadie más.

Seguimos hablando, terminamos de morir en ese McDonald’s. Se nos olvida que ya es el siguiente día, el sol se acerca y dentro de poco volveremos a la cotidianidad. Mientras tanto nos seguimos ahogando en nuestras risas porque, por el momento, nos concedemos el privilegio de que nada nos importe.

Desempolvando recuerdos

“Cada vez iré sintiendo menos y recordando más.” — Julio Cortázar

Hoy fue día de limpieza general. Había demasiado polvo en el cuarto, demasiado descuido. Hace tiempo que pensaba dedicar un poco de mi tiempo a sacudir y ordenar. Sin embargo, mientras me encontraba puliendo el mundo físico, la metafísica hizo de las suyas y apareció sin avisar (como suele suceder).

Me encontré desempolvando recuerdos gratos y no gratos. Primero me dirigí hacia los discos compactos; lo admito, soy una persona sumamente nostálgica: antes del boom de las plataformas de música virtuales me dedicaba a coleccionar CDs (y aún lo intento aunque cueste encontrar una tienda de discos que esté cerca o que tenga la música que me gusta).

Los CDs yacen ordenados según el artista: The Beatles, son los primeros en el estante, esos cuatro hijos prodigios de la música; luego Led Zeppelin, el martillo de los dioses; Pink Floyd y sus melodías que son la banda sonora del Universo. Y siguen lloviendo poemas musicalizados: Nirvana, The Who, Janis Joplin, Cream, The Doors, Black Sabbath. Muchas cosas viejas —de una vida pasada que espero recordar algún día— y pocas actuales (no se preocupen: Tame Impala está incluido en la colección). Así voy recorriendo un camino turbulento en donde ciertas canciones me recuerdan a personas queridas que hace mucho se fueron y en donde muchos de esos álbumes fueron el soundtrack de determinadas etapas de mi vida.

Luego me dirijo hacia los libros y me doy cuenta que ellos hablan demasiado, más de lo que pensaba. El primer librero está organizado meticulosamente: primer piso, literatura latinoamericana; segundo piso, literatura europea —ahí está la edición limitada de la Divina Comedia con ilustraciones en acuarela que me regalaste, por si me lees (ya sabes quién eres. Te recuerdo con demasiado cariño)— y estadounidense, y libros de fotoreportajes; tercer piso, enciclopedias y literatura fantástica. En el primer piso me encuentro con Salarrué (ese eterno perseguidor) y con su sombra vienen recuerdos de conversaciones animadas y astrales con grandes amistades que de alguna u otra manera él forjo (sí, creo en el destino, en las amistades trascendentales). Dirijo mis ojos hacia Roque y no puedo evitar recordar aquel café en el que con una amiga discutimos apasionadamente por horas sobre sus poemas. Y así también siguen lloviendo nombres, versos y novelas escritos no con una pluma de oro sino por escritores de diamante.

Y luego paso hacia mi segunda librera: esta sí es un caos. Nada de organización por escritores ni categorías, cada libro encuentra su lugar de acuerdo al momento en el que es adquirido o regalado (no puedo evitar hacer una analogía con la vida humana: somos un caos total, nos vemos obligados a acoplarnos a las situaciones que se nos presentan. Somos unos mortales condenados a ser súbditos de la incertidumbre). Libros de recopilaciones pictóricas (Botticelli, Miguel Ángel, Salarrué, Van Gogh…), Aristóteles, Platón, Benedetti, Vargas Llosa, la Guerra Civil de El Salvador, el Diario de Monseñor Romero, Herman Hesse y su juego de abalorios, la Lolita de Nabokov, Saramago, Borges, Bram Stoker, el Marqués de Sade, Cortázar y más Cortázar, Poe, Lovecraft, Cervantes, Whitman —mi mesías personal—. “Cuánta eternidad e inmortalidad, cuántos viajes”, me digo. Todo un espiral infinito de nombres, versos y novelas. Sonrío al pensar en la posibilidad de que si coloco un libro más, la libreras se derrumbarían.

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Ilustración por Henn Kim

En medio de los discos y libros me voy perdiendo en los recuerdos. Me encuentro con discos y libros prestados y nunca devueltos; con libros con hermosas dedicatorias, firmas y cicatrices que evidencian que alguna vez fueron leídos. Leo la lista de canciones de uno de mis álbumes preferidos y recuerdo cuál fue la canción que sonaba cuando lloré con el corazón roto por primera vez.

Recuerdos, recuerdos. Como mi habitación yo estoy llena de ellos. La realidad es que mi espíritu también necesita limpieza; debo liberar peso, desechar los remordimientos de un pasado inservible, desempolvar mis pasiones y pulir mis motivaciones. Con temor y alegría me doy cuenta que mi habitación está viva, que estoy rodeada de historias, de espíritus que añoran ser escuchados y leídos.

Satisfecha quedo al darme cuenta que mi mundo físico (los estantes, las libreras) han quedado impecables. Pero ahora me toca a mí: es hora de limpiar mi espíritu. Cierro los ojos e inicio… espero terminar algún día, y ese día —estoy segurísima— será fantástico, será hermoso.

El rocío de la Noche

Pero me vuelvo hacia el valle, a la sacra, indecible, misteriosa Noche. Lejos yace el mundo —sumido en una profunda gruta— desierta y solitaria en su estancia. Por las cuerdas del pecho sopla profunda tristeza. En gotas de rocío quiero hundirme y mezclarme con la ceniza.
Novalis – “Himnos de la Noche”

Rara vez encuentro tanta paz como cuando estoy en los brazos de la Noche, ese manto oscuro que envuelve todo el cielo. Me identifico con su ligereza, con su silencio y su difusa e incierta seguridad. Desconozco si provengo de alguna estirpe vampiresca (aunque sed de sangre jamás he tenido) pero la Noche y su quietud me intrigan y fascinan: cuando la oscuridad llega me siento bien, revitalizada y, paradójicamente, sueño despierta, absorbo la energía que yace a mi alrededor.

Imagen de “Night of the Living Dead” de George A. Romero

A veces, cuando llega la luz, siento mis pasiones y deseos irse; vuelve la inquietud de la cotidianidad, de la rutina. Añoro la Noche, su dulce frío y reconfortante aliento; espero impacientemente esa madrugada de confesiones inapropiadas y de declaraciones de amores imposibles.

Somos varios los seres nocturnos condenados a alimentarnos de la nostalgia y de la melancolía para resurgir, para renacer y reencarnar. El Día y su luz vienen, sí. Es inevitable. Pero al amanecer me doy cuenta que debo voltear hacia la luz cual girasol y dejar caer las sombras detrás de mí. Me consuela saber que al final siempre vendrá la Noche, el opuesto al Día (mas no su enemigo), su complemento indispensable. El yin y el yang se unen en armonía para balancear el Universo y acoger en su seno a los seres nocturnos y diurnos que están destinados a encontrarse, sea de Noche o de Día… qué más da.

ESPERANZA

Si muriera pronto, si mi espíritu fuese libre… Si: puras hipótesis. Pero, aun así… Si mi espíritu fuese libre deambularía por las zonas más obscuras del más allá, del inframundo; rondaría por los cosmos y se alimentaría de la soledad. Dejaría que un agujero negro me absorbiera totalmente, sin piedad, sin misericordia.

Si muriera pronto mi espíritu no estaría en paz, se resignaría a la mundana existencia con recelo y desesperación. Me sentaría en la cumbre del Universo y cuestionaría la eternidad del incontable tiempo, que no es más que una medida humana para lo inevitable, para el fatalismo que provoca la bestial mutilación de los ojos, sucumbiendo, sin remordimiento alguno; ante la oscuridad.

“Saturno devorando a su hijo” – Francisco de Goya

Y por eso prefiero vivir. Creo (creer: el verbo de la fe ciega) que a eso se le podría llamar —solamente por consuelo o debido a que no existe dentro de esta dimensión un término propicio— esperanza.

La participación política de las mujeres en El Salvador: siguiendo los pasos de Prudencia Ayala

He decidido, por esta vez, dejar un poco de lado los temas artísticos y enfocarme en una gran problemática social que no solamente afecta a mi país sino al mundo entero (pero en menos medida a los países nórdicos, ellos son alienígenas: su tasa de equidad e igualdad de género parece mentira, es altísima): la baja participación política de las mujeres.

Este ensayo, que fue publicado en otro medio eléctrico el año pasado, refleja mi postura al respecto y espero que sea un generador de debate. Tomo, asimismo, a Prudencia Ayala -la primera mujer en intentar postularse a la Presidencia en mi país y, según cuentan, en toda Latinoamérica-: una gran fémina que tuvo el valor y el coraje suficientes para desafiar al status quo patriarcal que se vivía en los años 30.

Y así empezamos:

En la agenda del ámbito internacional, la plena solidificación de la igualdad de género constituye una de las principales metas por cumplir y su búsqueda es considerada como uno de los elementos centrales para el desarrollo sostenible de las sociedades en todos los países del mundo. Por lo tanto, no es de extrañar que desde el año 2000 se asumiera como uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, compromiso que fue renovado en el año 2015 dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que esperan ser cumplidos para el año 2030.

Según el Informe de 2015 de los ODM, se han logrado grandes avances respecto a la problemática de la desigualdad de género. En cuanto a la participación política de las mujeres el Informe expresa que en el curso de los últimos 20 años estas han ganado terreno en la representación parlamentaria en casi el 90% de los 174 países para los que se dispone de datos. La proporción promedio de mujeres en el parlamento casi se ha duplicado en el mismo período; sin embargo, todavía solo uno de cada cinco miembros es mujer, es decir, apenas un 20%.

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Grados de igualdad en Latinoamérica según el Foro Económico Mundial. Nicaragua, Cuba y Ecuador tienen los más altos grados de igualdad.

En este contexto es fácil notar que a pesar de las grandes oportunidades con las que ahora cuentan las mujeres, aún hay retos por superar y uno de estos es la promoción de una mayor participación de las mujeres en el ámbito político. Actualmente sabemos que la participación política no se limita al voto sino que también se extiende a la posibilidad de formar parte directamente en la toma de decisiones que permitan una eficaz gobernabilidad, oportunidad que aún le es predominantemente negada a  la mujer.

En El Salvador se evidencia esta exclusión política que para Veneziani (una investigadora italiana feminista) es el producto de un trasfondo cultural patriarcal cuyas principales expresiones son el establecimiento de estereotipos y prejuicios que obstaculizan el acceso de las mujeres “a los espacios de decisión y gestión de la cosa pública” ya que de acuerdo a dicha cultura la “feminidad es esencialmente incompatible con la carrera política”.

Asimismo de acuerdo con el PNUD, la participación política de las mujeres salvadoreñas en los poderes públicos es desigual si se tiene en cuenta que según el Censo Poblacional del 2007 el 52.7% de la población son mujeres. Su participación es especialmente reducida en los poderes ejecutivo y legislativo (siendo una de las más bajas de la región), pero tiende a aumentar en el poder judicial. Como puede verse, el proceso de integración de las mujeres en la política nacional es lento y aún requiere de una constante mejora.

Figuras emblemáticas como Prudencia Ayala, la primera (y hasta ahora) única mujer en postularse a la Presidencia en nuestro país en un año tan lejano como 1930; son parte vital de nuestra memoria histórica y progreso sociopolítico. Prudencia, a quien el periodista Henríquez Consalvi definió como triplemente discriminada: por ser indígena, mujer y madre soltera; a pesar de las burlas y constantes maltratos a su persona, prosiguió con su lucha por la igualdad. Incluso, en junio de 1930, publica su periódico Redención Femenina del cual ella es la redactora. Este fue el único espacio en el que pudo expresar libremente sus ideas políticas y su plataforma electoral en medio del ruido ensordecedor de sus detractores que veían con repudio como ella virtuosamente empuñaba un bastón de madera, símbolo de la virilidad y poder en aquella época, y denunciaba las injusticias de una cultura patriarcal y machista.

Prudencia no logró ser reconocida como candidata pero su fortaleza fue un precedente histórico de la actual lucha que las mujeres salvadoreñas llevamos a cabo día a día por la igualdad de género. Muere en 1936 sin la posibilidad de ver como en 1939 se le concede a las mujeres casadas mayores de 25 años el derecho al sufragio, y hasta que finalmente en 1950 este derecho es concedido a todos los ciudadanos sin distinción alguna.

La reestructuración del acceso a los partidos políticos, el fomento de un ambiente en el que la mujer adopte una actitud de autoconfianza, la apertura de nuevos y más inclusivos espacios públicos y la promoción de una educación integral y equitativa son algunas de las propuestas que deben ejecutarse para construir una cultura política verdaderamente democrática.

Cada avance que se alcanza en materia de igualdad de género es una victoria, no solamente para las mujeres sino para la sociedad entera. De igual forma, cada obstáculo que se presenta es también un reto que toda la sociedad de los distintos países del mundo deben proponerse superar.

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